Con la llegada de septiembre y la vuelta al cole, surge un tema recurrente en las conversaciones de padres y madres: las actividades extraescolares. Desde el inglés y el violín hasta el fútbol y la robótica, la oferta es inmensa y la presión social (y a veces autoimpuesta) por apuntar a nuestros hijos a «todo lo que puedan» es enorme. Pero, ¿son realmente las extraescolares la clave del éxito para nuestros pequeños, o pueden convertirse en una fuente innecesaria de estrés para toda la familia?
Es natural querer lo mejor para nuestros hijos. Deseamos que desarrollen talentos, adquieran nuevas habilidades y tengan oportunidades que quizás nosotros no tuvimos. Sin embargo, en esta búsqueda, a veces perdemos de vista algo fundamental: el bienestar y el equilibrio de nuestros hijos (y el nuestro propio).
El Dilema de las Extraescolares: ¿Más es Mejor?
La creencia de que cuantos más conocimientos y actividades acumulen, más preparados estarán para el futuro, puede llevarnos a sobrecargar sus agendas. Los niños, y especialmente los más pequeños, necesitan tiempo para:
- Jugar libremente: Es la forma natural de aprender, explorar y desarrollar la creatividad.
- Descansar: Su cerebro necesita desconectar para procesar la información y crecer.
- Aburrirse: Sí, el aburrimiento es el motor de la imaginación y la resolución de problemas.
- Estar en familia: Tiempo de calidad sin prisas ni estructuras.
Cuando sus agendas están saturadas, se corre el riesgo de generarles estrés, fatiga, ansiedad y una pérdida de interés por lo que hacen, convirtiendo lo que debería ser un disfrute en una obligación más.
Guía para Padres: Lo que Hacer y No Hacer con las Extraescolares
Para que las actividades extraescolares sean un complemento enriquecedor y no una carga, aquí tienes algunas pautas clave:
Lo que SÍ Debemos Hacer:
- Escuchar a tu hijo/a: Antes de apuntarlo a cualquier cosa, pregúntale qué le gustaría hacer. Su interés y motivación son la clave. Si les imponemos una actividad, es probable que la abandonen o la sufran.
- Observar sus intereses y talentos: A veces, los niños no saben lo que quieren, pero sí muestran inclinación por algo. Si le encanta dibujar, explora clases de arte. Si no para de bailar, busca una escuela de danza.
- Priorizar la calidad sobre la cantidad: Es mejor una o dos actividades que realmente disfruten y de las que puedan sacar provecho, que cuatro que les agobien. Menos es a menudo más.
- Tener en cuenta su edad y nivel de desarrollo: Un niño de 3 años tiene necesidades de juego y descanso muy diferentes a las de uno de 10. Las actividades deben ser acordes a su madurez.
- Valorar el tiempo de ocio no estructurado: Asegúrate de que tu hijo/a tenga tiempo suficiente para jugar solo, con amigos, descansar y simplemente «no hacer nada». Este tiempo es crucial para su desarrollo cognitivo y emocional.
- Ser flexibles y estar dispuestos a cambiar: Si tu hijo/a deja de disfrutar una actividad, o si ves que le está generando estrés, no tengas miedo de cambiarla o de quitarla. No es un fracaso, es una adaptación a sus necesidades.
Lo que NO Debemos Hacer:
- Proyectar nuestras propias frustraciones o deseos: No apuntes a tu hijo a la actividad que a ti te hubiera gustado hacer o en la que tú destacabas. Es su vida, no la tuya.
- Comparar con otros niños: Cada niño es único. Lo que funciona para el hijo del vecino, no tiene por qué funcionar para el tuyo. Evita las comparaciones que solo generan presión y competitividad malsana.
- Sobrecargar su agenda: Una agenda llena de actividades sin apenas tiempo para respirar es una receta para el agotamiento y el estrés. Recuerda que también tienen que hacer deberes y tener tiempo para ellos mismos.
- Ver las extraescolares como una guardería: Si el principal motivo para apuntarlo es tener «dónde dejarlo» mientras trabajas, busca alternativas más adecuadas que no sacrifiquen su bienestar.
- Ignorar las señales de estrés: Cambios de humor, irritabilidad, quejas constantes, bajo rendimiento escolar, problemas de sueño… Estas pueden ser señales de que tu hijo está sobrecargado.
- Poner el foco solo en el rendimiento: El objetivo de una extraescolar no es solo que sean los mejores, sino que disfruten, aprendan valores, hagan amigos y desarrollen habilidades.
Las actividades extraescolares pueden ser un regalo maravilloso para nuestros hijos, un espacio donde explorar pasiones y crecer. Pero para que lo sean, debemos recordar que su bienestar y su felicidad están por encima de cualquier agenda llena de «cosas que hacer». Escucha a tu hijo, observa, y prioriza su equilibrio.


